LA EVALUACIÓN ESCOLAR                                                                                                                                          


Reynaldo Loaiza Jaramillo

 

La Evaluación se ha convertido a lo largo de la historia de la educación en un tema álgido y de gran controversia, llegando casi a confundirse su discusión con la “forma operativa” en la cual debe desarrollarse, siendo diferente este término al “cómo” debe aplicarse y sobre estos aspectos ha sido mayor el debate en los últimos años por lo menos en nuestro país, incrementándose las discrepancias de conceptos acerca de cómo debe entenderse, cómo debe interpretarse , cómo debe registrarse y cómo debe utilizarse para efectos de promoción escolar, sobre la cual ha sido confundida su intención llegándose a concebir promedios (tanto en números como en letras) para determinar repitencia de un determinado grado en caso de ocurrir la no promoción.

Respecto a esto hoy apenas se están viendo las bondades del ya casi finiquitado decreto 0230 y se está debatiendo sobre el reciente decreto 1290, ambos tratando de resolver las discusiones al respecto de la evaluación escolar y ambos tratando de unificar la labor educativa y docente respecto al “con qué” sustentar la promoción o no de un estudiante respecto a un área y respecto a un determinado grado, ciclo o nivel. Hoy luego de innumerables argumentos en contra del 5% de reprobación aceptado por la ley en el decreto 0230 de febrero de 2002, se tiene la oportunidad de recomponer no solo el concepto de evaluación, también su interpretación, su registro y su utilización en el desarrollo de procesos de enseñanza y de aprendizaje. He ahí el punto nodal que no ha tenido remedio, ya que lamentablemente se escuchan rumores en los espacios educativos y formativos de instrumentalizar el registro de procesos mediante escalas valorativas representadas mediante números, en casos extremos mediante letras, lo cual llevaría indiscutiblemente de nuevo por el camino de la calificación, hecho que se ha demostrado ha sido dañino en cuanto esta se convierte en el objetivo primordial tanto de estudiantes como de padres de familia y por supuesto de muchos docentes. La calificación se usa hoy día (¿?) como mecanismo de presión, la nota estimula actitudes, mas no procesos, la nota cohíbe, inhibe, conforma y hasta promociona. Estoy convencido que la evaluación educativa debe mostrar el estado de un proceso, hecho que debe ser concreto y objetivo, la calificación de un hecho se torna en subjetiva cuando se da a esta un valor subjetivo, más aún cuando existirían de por medio cifras decimales para definir el alcance o no de un logro, de una competencia, de una filosofía, o como ocurre en la actualidad con el uso del ESAID, cuando el docente debe observar todas las notas colocadas a lo largo del periodo académico, incluidos los puntos, rayas, caritas felices, asteriscos y demás, para dar un concepto final sobre el “rendimiento” del alumno en su asignatura, aquí debemos recordar que la ley educativa no habla de asignaturas sino de áreas de conocimiento y les da nombre propio a cada una, situación que lleva a reflexionar sobre el análisis de alcance de competencias de área con respecto a la, o las competencias de grado, ciclo o nivel.

Otro elemento que se toma para esta reflexión es el hecho que la educación colombiana en la actualidad está fundamentada en el desarrollo de procesos continuos para obtener resultados expresados en niveles de competencia educativa, por tanto, el diagnóstico del estado del arte en este sentido de nuestros estudiantes debe estar centrado en ese aspecto, igual ocurrirá con la planeación general de la labor educativa a lo largo del año escolar, con la evaluación del estudiantado y con la promoción de estos al siguiente grado, ciclo o nivel. Es aquí donde se hace más álgida la reflexión ya que si algunos procesos adelantados por algunas áreas son exitosos, estos deben de ser “repetidos” por algunos estudiantes que no fueron exitosos en los procesos de otras, la otra discusión alterna al de la evaluación educativa es la referente a la promoción del estudiantado, es decir, se debate acerca de cuántas áreas se hacen necesarias para perder el año, en palabras más elegantes, para no promocionar, sobre lo cual, no solo pierde el año el estudiante, también lo pierde el docente exitoso con su área en el aula de clase. Lo cual traduce, en mi opinión, un desacierto ya que “quien” debe promover es el alcance de las competencias para grado, ciclo o nivel planteadas por la institución, lo cual obligaría a instrumentalizar los procesos de registro de alcance o no de dichas competencias, diferente a calificar el rendimiento en un área en particular, pues la tradición ha mostrado que son estas las que en última circunstancia promueven o no al alumno independientemente del alcance de éste de las competencias generales propuestas y a las cuales deben estar supeditados los logros(entiéndase: alcances, metas, objetivos) en las áreas.

En la interpretación de las escalas valorativas sobre las cuales se encuentran girando las discusiones de las instituciones educativas del país, deben estas a fin de cuentas reflejar las pretensiones del ministerio cuando se refiere a desempeños: Desempeño Superior, Desempeño Alto, Desempeño Básico, Desempeño Bajo, esto permite argumentar con mayor vehemencia que los desempeños se evalúan, no se califican, más bien se conceptúan, a ello deben tender todos los procesos que se desarrollen en las instituciones educativas y tales conceptos orientarán los procesos de recomposición de metas, de procesos de enseñanza y aprendizaje, de autoevaluación institucional, de diseño y desarrollo de planes de mejoramiento institucional y por supuesto de promoción escolar.

 

 
 

 

 

La reflexión educativa y formativa, debe ser un proceso permanente en la mente del maestro y las organizaciones educativas para avanzar en sus prácticas y el desarrollo de su filosofía institucional, esa es la mejor alternativa del maestro.
El tema de la juventud y la familia. Contrasta con el concepto de educación y cobertura, cuando en el aspecto social y económico parece que el ingreso es preocupación mayor que el destino y proyecto de vida de niños y jovenes.

 
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